Dos sucesos ocurridos en octubre cambiaron para siempre la novela escrita en español: un día 9 fue anotado el niño Miguel. 24 años después, un día 7, se producía la Batalla de Lepanto, que originó el mito del manco más famoso de la historia literaria.
Por José Luis Cutello
Octubre es, decididamente, un mes cervantino. El 7 de octubre de 1571, se produjo uno de los combates navales más famosos de la historia europea: la llamada “Batalla de Lepanto”, ocurrida en el golfo del mismo nombre, frente a la ciudad de Naupacto, en Grecia continental. En ese lugar, los otomanos fueron devastados por la llamada “Liga Santa”, formada por el Reino de España, Venecia, Génova (ninguna de las dos ciudades tenían vínculos con Roma en ese momento) y los Estados Pontificios.
De acuerdo con las crónicas guerreras de la época, apenas 30 galeras turcas quedaron a flote de las más de 200 que presentaron hostilidades y, de esa manera, los cristianos frenaron la expansión otomana hacia el mediterráneo europeo.
Sin embargo, el hecho más notable y recordado de esa victoria no fue su resultado. Y mucho menos sus consecuencias geopolíticas. Lo más notable fue que, durante los ataques turcos, resultó herido en su muñeca izquierda y perdió la movilidad para siempre un soldado del Reino de España que se llamaba Miguel de Cervantes Saavedra, a quien sus amigos apodaron a partir de entonces “el marco”.
Así fue como nació un gran sobrenombre y el mito que precedió a ese hombre, aún antes de llegar a ser el más grande escritor español de todos los tiempos. Además, la batalla aquella fue “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”, según escribió don Miguel en las Novelas Ejemplares.
El manco. Los documentos indican que el 9 de octubre de 1547 fue bautizado en la parroquia Santa María la Mayor de la ciudad de Alcalá de Henares, Miguel de Cervantes Saavedra. Sin embargo, no pudo ser establecido si nació en esa ciudad. Ni siquiera cuándo nació exactamente. Lo más probable, según sus biógrafos, es que naciera el 29 de septiembre (día del arcángel San Miguel, según el Santoral) y que recién fuera anotado el 9 de octubre, algo común en la época. Su acta de nacimiento señala: “Domingo, nueve días del mes de octubre, año del Señor de mill e quinientos e quarenta e siete años, fue baptizado Miguel, hijo de Rodrigo Cervantes e su mujer doña Leonor. Baptizóle el reverendo señor Bartolomé Serrano, cura de Nuestra Señora. Testigos, Baltasar Vázquez, Sacristán, e yo, que le bapticé e firme de mi nombre. Bachiller Serrano”.
El tercer acontecimiento que vincula a Cervantes con el mes de octubre es el más penoso de su existencia. Luego de la Batalla de Lepanto, don Miguel llegó a Nápoles con su hermano Rodrigo y, desde ahí, tomó una goleta a España para regresar a su patria.
Pues bien, nunca llegó: el septiembre de 1575, a la altura de la actual Costa Brava los pasajeros de esa goleta fueron capturados por una flotilla turca y Miguel entregado como esclavo a un griego llamado Dali Mamí. El hecho de que llevara cartas de recomendación de Juan de Austria y el duque de Sessa hizo pensar a sus captores que Cervantes era una persona muy importante y pidieron un rescate de quinientos escudos de oro por su libertad.
Por supuesto, nadie pagó y estuvo cinco años en una prisión.
Las comedias. El hecho desgraciado fue transformado por Miguel de Cervantes es una comedia. O en varias, mejor dicho. Sobre esa época versan sus obras “Los tratos de Argel”, “Los baños (presidio) de Argel” y el “Relato de la historia del Cautivo”, que está en los capítulos 39 y 41 de la primera parte de “El Quijote”.
Luego de varios intentos fallidos de escape, en uno de lo cuales pudo regresar a España su hermano Rodrigo, Cervantes fue liberado el 19 de septiembre de 1580. Pero recién el 24 de octubre regresó a España, gracias a las gestiones de los padres Trinitarios en Argel.
En los últimos años de su vida, decidió establecerse en Sevilla, donde fue recaudador de impuestos y proveedor de galeras reales. En 1597 fue recluido en la Cárcel de Sevilla, tras la quiebra del banco donde depositaba la recaudación: al parecer, don Miguel era un pillo que se había apropiado de dinero público.
Fue en galera, justamente, donde se le ocurrió la idea de escribir un libro sobre un caballero andante, según él mismo admite en el prólogo de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Tras salir de la prisión, se instaló en la Corte Real de Felipe III, en Valladolid, y comenzó su obra maestra.
La primera parte se conoció en 1605 y marcó el inicio del género que hoy conocemos como novela. Además, fue el comienzo del realismo como estética literaria y del relato “polifónico”, es decir la narración de varias voces y géneros que se entrecruzan.
Antes de la segunda parte del Quijote, aparecieron en 1613 las “Novelas ejemplares”, un conjunto de doce narraciones breves escritas mucho tiempo antes. La mayoría de esos relatos son autobiográficos y explotan, como nadie lo había hecho hasta ese momento, la picaresca. En una de ellas, “La fuerza de la sangre”, traza un género nuevo que nadie, hasta Edgar Allan Poe, se animó a bautizar: la novela policial.
La segunda parte de “El ingenioso…” fue publicada en 1615 y lo terminó de ubicar como un autor canónigo de la literatura occidental.
Así como lo era Dante para Italia y lo serían para Inglaterra William Shakespeare, para Francia Michel de Montaigne y para Alemania Johann Goethe. El manco murió el 22 de abril de 1616, siendo ya el ingenioso hidalgo don Miguel de Cervantes Saavedra.
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Dibujo: Pablo Picasso (web)
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Dibujo: Pablo Picasso (web)


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