ENTRE EL NEORREALISMO Y LA FANTASÍA

Italo Calvino -nacido en la provincia de La Habana, Cuba, el 15 de octubre de 1923, cuando sus padres explotaban un establecimiento agropecuario- está considerado uno de los escritores más importantes del siglo pasado. De educación laica y antifascista, fue reclutado por el Ejército de la República Social Italiana apenas comenzó la II Guerra Mundial, pero desertó y se unió a las Brigadas Partisanas Garibaldi junto a su hermano.



Tras la guerra, se matriculó en Letras, se afilió al Partido Comunista Italiano y conoció a quien sería su gran influencia intelectual: Cesare Pavese. El notable narrador italiano lo recomendó a la Editorial Einaudi, donde Calvino terminó de formarse. Así fue como en 1947 publicó su primera novela, “El sendero de los nidos de araña”. Dos años después, aparecieron los cuentos “Por último, el cuervo”, bajo la influencia del neorrealismo.
En la década siguiente dejó la literatura social y se dedicó a la fantástica. Escribió la trilogía llamada “Nuestros antepasados”: “El vizconde demediado”, “El barón rampante” y “El caballero inexistente”. La segunda es el resultado de su decepción ideológica luego de la invasión soviética a Hungría, en 1956. Fue entonces que abandonó el PC.
Durante la década del ’60, mezcló el neorrealismo con las vanguardias sociales. Fue en esa época que apareció “Marcovaldo”, una recopilación de fábulas que contrastan la naturaleza y el progreso. En 1964, viajó a Cuba para visitar la casa en que había vivido de niño con sus padres y, de paso, pidió visitar a Ernesto “Che” Guevara. Allí le presentaron a Esther Judit Singer, una argentina de la que se enamoró. Casados casi sin pensarlo, se fueron a vivir a Roma, donde un año después nació Giovanna, su hija.
Pese a que las vanguardias sesentistas habían cambiado la literatura, Calvino siguió siendo un escritor muy leído: publicó “Cosmicómicas”, cuentos que aparentan ser de ciencia ficción, aunque bien leídos quedan bajo el ala del surrealismo y la fantasía. Además, le dedicó mucho tiempo al estudio de Roland Barthes y Jorge Luis Borges.
En la década del ’70, cuando vivía en París, publicó “El castillo de los destinos cruzados”, “La taberna de los destinos cruzados”, “La ciudad invisible” y “Si una noche de invierno un viajero”, éxitos que le valieron la fama y una vida holgada.
En 1985, de vacaciones en Castiglione della Pescaia, cerca de Siena, donde preparaba sus “Seis propuestas para el próximo milenio” que dictaría en la Universidad de Harvard, tuvo un ataque cerebral: fue llevado al hospital de Santa María della Scala, pero no superó la madrugada del 19 de septiembre.

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