E-BOOKS, LO QUE VIENE

Aunque a nadie se le ocurre que los libros de papel puedan desaparecer, hay una evidencia que se manifiesta con mayor fuerza cada año: el mercado de los libros electrónicos crece sin pausa entre los jóvenes y, aunque nos resistamos, tiene sus ventajas.





Por Martín Ungaro

Admitamos que somos “trogloditas” o tipos “chapados a la antigua”. Y que jamás en nuestras vidas leeríamos un libro de más de 50 páginas en un lector digital, por más que los ingenieros japoneses y chinos se rompan la sesera mejorando los aparatos todos los años de aquí a que nos muramos. Por supuesto que leemos artículos periodísticos en ese formato, quizás un ensayo corto y hasta cuentos. Ni hablar de poemas: podemos ojear decenas en nuestras computadoras. Pero las novelas o los gruesos volúmenes de historia y filosofía tienen un tiempo y un espacio propios, invitan al deseo del lector. Un deseo que está relacionado con el sentido del tacto, el roce con la textura del papel, el ruido de una página a ser dada vuelta, la progresión del espesor que se deja atrás. Está claro que un lector digital no nos permitiría esas sensaciones…
¡E pur si muove!, diría Galileo Galilei que no era ningún troglodita para los adelantos técnicos.
No obstante nuestras resistencias, el avance de esta tecnología en los últimos dos años queda ilustrada en las cifras de 2011: Sólo en España se vendieron 280.000 “e-readers”, sus propietarios adquirieron 190.000 libros y, además, descargaron un millón de ejemplares de los portales que obsequian clásicos literarios sin costo.
“Grammata”, una empresa especializada en diseño, contenido y comercialización de lectores y libros electrónicos en español, cerró el año pasado con un crecimiento notable, gracias a la creación de un portal para el mercado de “e-books” en España, Argentina y México. Su unidad de Servicios Editoriales incrementó en un 250% el número de editoriales con las que trabaja en España y América Latina, y multiplicó por 30 el número de títulos digitalizados respecto a 2010. Cifras que apabullan y muestran el “boom” que hay detrás de los e-Libros.
Ahora bien, ¿qué son exactamente los libros digitales y por qué avanzan irremediablemente? Son textos en formato digital que pueden leerse con dispositivos digitales o electrónicos. Es decir, no hay papel ni imprenta. En relación al libro tradicional, tienen a su favor una gran facilidad de distribución gracias a Internet y una reducción notoria de costos para las editoriales.
Esta “deflación” se debe a que el papel, la tinta y la impresión son tres de los rubros más importantes a la hora de calcular el precio de tapa de un libro, mucho más que las ganancias de la editorial y, ni qué decir, las del autor, que debe conformarse con un mísero 10 por ciento salvo que sea una megaestrella internacional. Esta tecnología tampoco gasta un peso en distribución y almacenamiento de libros, como es obvio. Lo mismo que le sucedería a un lector voraz que, en vez de destinar toda una habitación de su casa a resguardar en anaqueles sus 15.000 ejemplares, los encerrara en un lector que tiene el tamaño de un librito mediano.
Desde el punto de vista ecológico, el nuevo sistema no da más que ganancias. La escasez de papel, el costo de reciclar celulosa y la tala indiscriminada de árboles, con el consiguiente perjuicio al medio ambiente, son apenas ejemplos de su futuro venturoso.
El sistema también tiene una ventaja adicional para los bibliófilos y estudiosos. Por su menores costos, es más fácil hacer copias digitales de libros que las editoriales no suelen imprimir habitualmente, ya sea porque son muy antiguos, porque no venden o porque pertenecen a ese tipo de textos que llamamos “de culto”.
Un nicho en el mercado. Las empresas que apostaron por este formato constituyeron un fondo editorial con obras que no se encuentra en las librerías. En tanto, lo hacen crecer a través de la digitalización de novedades. El consejero delegado de “Grammata” en la Argentina, Juan González de la Cámara, dijo que “estamos totalmente convencidos de que la laguna de obras editadas en español disponibles en la red empieza a desaparecer. Para nosotros, como empresa especializada en los dispositivos de lectura electrónica, es clave dotar a este gadget de contenido y además, que dicho contenido se encuentre disponible en español”.
“Prueba de ello –agregó- son las iniciativas de librerías digitales que hemos puesto en marcha en España, México y Argentina y que esperamos replicar en el resto de los países de habla hispana, ofreciendo una plataforma única para el desarrollo de los contenidos digitales en este idioma”.
La plataforma virtual de “Grammata” en español posee más de 36.000 títulos, gracias al trabajo de digitalización hecho por los equipos locales y a los acuerdos que la compañía cerró en cada país con las principales editoriales en lengua castellana como Planeta, Santillana o Random House Mondadori.
Está claro que no es la única empresa que comercializa libros. El sitio “sigueleyendo.es” no sólo tiene una página muy fácil de usar, sino que presenta colecciones de todo tipo. Allí, uno puede comprar desde un solo relato a 1 euro (se recomienda empezar por “Le viste la cara a Dios” de Gabriela Cabezón Cámara) hasta una colección completa por un precio más barato por unidad.
“Musaalas9.es” es otra editorial con catálogo digital especializado en narrativa contemporánea y poesía. Allí, por apenas 3 euros, pueden hallarse clásicos de todos los tiempos, como Nathaniel Hawthorne. En la Argentina, puede contarse la iniciativa de “Blatt & Ríos”, que a un año de su lanzamiento incursiona en el mercado digital. Claro que es no es una editorial masiva, sino de “libros-objetos” que se combinan con tiradas de papel de 300 a 500 ejemplares. Por su parte, “Malaletra” es una famosa editorial digital mexicana, con colecciones de narrativa y teatro de escritores nacionales y unos pocos extranjeros. En esta nómina no pueden faltar los grandes sellos multinacionales que, en 2012, presentarán ediciones de papel y, en la mayoría de los casos, también de e-books.
Finalmente, entre marzo y abril, una editorial de capitales argentinos que publica un diario digital y un semanario ingresará en el mercado de e-Libros y ofrecerá textos gratuitos y otros a bajo costo, listos para que los dueños de “e-readers” carguen su biblioteca portátil. El nombre del sello es aún un secreto.

ALAN PAULS



"La potencia de la gran novela moderna se alimenta de la impotencia del personaje, del cortocircuito entre la intención y la realización".

JUANA DE ARCO, LA VIRGEN GUERRERA

En medio de la campaña electoral por la Presidencia francesa, una polémica sobre la heroína enfrentó a Nicolas Sarkozy y a la ultraderechista Marine Le Pen. ¿Quién fue esta mujer que 600 años después de su nacimiento despierta tantas pasiones?





Por José Luis Cutello

Fue mártir y virgen guerrera; fue adoptada en el siglo XIX como el símbolo de unidad de todos los franceses; inspiró a las fuerzas aliadas en la Primera Guerra Mundial; es venerada por los masones, que ni siquiera creen en Dios; fue la fuente de inspiración de la Resistencia durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial; fue quemada en la hoguera con el beneplácito de un Papa y declarada “santa” por orden de otro; todavía genera disputas entre la derecha y la izquierda francesas… A propósito de cumplirse el 600º aniversario de su nacimiento, podemos preguntarnos: ¿Quién fue Juana de Arco, la heroína que salvó a su país de la dominación inglesa y que hoy provoca tantas polémicas?
Jeanne, hija de Jacques Darc e Isabelle, nació en Domrémy, un pequeño poblado situado en la región de Lorraine, el 6 de enero de 1412 y fue quemada en una pira de la Inquisición el 30 de mayo de 1431, a los 19 años. Con apenas 17, convenció a Carlos de Orléans -cabeza de uno de los bandos en la Guerra de los Cien Años- que ella “escuchaba la voz de Dios” y que esa voz le había señalado cómo expulsar a los ingleses que ocupaban el norte de Francia y apoyaban a otro bando, liderado por Juan de Borgogna (Juan sin miedo).
El grado de su intervención militar en esa guerra difiere mucho según cada historiador, pero es seguro que participó victoriosa en el Sitio de Orléans, en la batalla de Patay –que enfrentó directamente a ingleses y franceses, y modificó el curso de la guerra hasta ese instante favorable al Imperio Británico- y en otras acciones que la pusieron “cuerpo a cuerpo” con el invasor y sus aliados internos, entre 1429 y 1430.
La exitosa campaña de su ejército revitalizó el poder de Carlos de Orléans, que fue coronado Carlos VII de Francia, después de vencer en esa guerra a Juan, y mantuvo unificado el territorio nacional enfrentando el deseo de los borgogneses de crear su propio reino. Tras la coronación, la única recompensa que pidió Jeanne Darc fue que se eximiera a Domrémy, su pueblo, del impuesto anual al Rey. El flamante monarca aceptó y la norma se cumplió hasta hace 90 años.
Sin embargo, Juana no tuvo un final feliz, ya que las disputas de poder entre la Casa de Orléans y la de Borgogna continuaron en territorio francés. El 23 de mayo de 1430, durante la batalla de Compiègne, se encontró con una coalición entre borgogneses, ingleses y el duque de Luxemburgo que la emboscó y capturó. Por supuesto, fue entregada de inmediato al ejército inglés que estaba acantonado en Ruan.
El proceso que siguió resulta confuso porque no hay fuentes fidedignas, aunque al parecer una junta de clérigos la acusó de herejía por luchar vestida con ropas de hombre. Según una leyenda nunca comprobada, soldados ingleses le arrancaron sus ropas y le dejaron en cambio un conjunto militar masculino: no tenía forma de defenderse. Durante el juicio, también se le informó que, según el Papa, el campo de batalla le estaba vedado a las mujeres. ¡Evidentemente, ella era una bruja! El jefe militar inglés, el duque Juan de Bedford, ordenó su muerte en la hoguera.
Para ser honestos, la mayoría de los hechos que rodean a Juana se conocen por las actas que labró la Inquisición durante el proceso y por la tradición oral. Los documentos escasean.
Sarkozy y Le Pen. Este pequeño inconveniente no priva de polémicas al presidente francés Nicolas Sarkozy y a la líder ultraderechista Marine Le Pen, hija de Jean-Marie. Desde hace años, el Frente Nacional (FN) hizo de Juana de Arco, como antes lo había hecho la Acción Francesa, uno de los símbolos de su campaña antiinmigración.
Ahora, la candidata a la Presidencia conmemoró junto a su padre y fundador del FN a la figura que “expulsó a los ingleses de Francia” en el marco de su corriente xenófoba. Esta vez no es contra los ingleses, sino contra los extranjeros en general…
En tanto, Sarkozy no quiso cederle esa bandera y, como todos sus predecesores a partir de la llamada V República, con excepción de Georges Pompidou, rindió homenajes oficiales a la “heroína de la unidad nacional”. Para eso, el jefe de Estado cumplió un peregrinaje, primero hasta la casa natal en Domrémy, y posteriormente en Vauvouleurs, donde ella lanzó su campaña contra Inglaterra en 1429.
Para muchos, la polémica fue una utilización política a tres meses de las elecciones presidenciales. Para el Elíseo, es “el rol natural” del presidente rendir homenaje a las grandes figuras de la historia francesa. Al respecto, el diputado Christian Vanneste (UMP, el partido oficial) dijo a la prensa local que “Juana de Arco es el patriotismo laico y la santa católica, un símbolo de la unión nacional, y no sólo del Frente Nacional”.
Es que, en el escalafón de la clase política, la “Doncella de Orléans” ocupa un lugar tan importante como De Gaulle, Zola o Voltaire. Por su versatilidad como “santa” o “guerrera”, pasando por la “patriota”, los políticos encuentran en su difusa figura una referencia ideal a sus propósitos.
Debido a esto, Le Pen aseguró que para su partido Juana de Arco “es la inspiración de las temáticas esenciales de la campaña presidencial: inmigración, seguridad, proteccionismo”. En tanto, el politólogo Jean-Yves Camus remarcó en diálogo con la agencia “AFP” el “curioso azar del calendario”, que le permite Sarkozy honrar a Juana a 100 días de la elección presidencial.
La Doncella no pudo descansar ni siquiera después de haber sido carbonizada por el Papa Nicolas V: 25 años más tarde, el rey Carlos VII instó a la Iglesia a revisar el juicio, pero el Pontífice consideró inconveniente la reapertura debido a los éxitos militares de Francia contra Inglaterra. Tras su muerte, el obispo español Alfonso de Borja asumió el papado como Calixto III, el 8 de abril de 1456, y dispuso abrir el proceso.



Claro está que éste culminó con la declaración de inocencia de Juana y la condena a los jueces de 1431. No obstante, recién en el siglo XX, el Papa Benedicto XV beatificó a Juana y, más tarde, la declaró Santa. Por eso, los franceses la nombraron Santa Patrona en 1920.
Las decisiones vaticanas llegaron tarde, porque la fama de Juana se extendió por el mundo no bien fue asesinada. Ya en el siglo XVI, la Liga Católica, una fracción de la Iglesia enfrentada con Roma la veneraba. Hoy, la Doncella de Orléans tiene seguidores entre creyentes y ateos. Y es especialmente querida en los países que sufrieron los humores imperialistas británicos: sus seguidores se cuentan por miles en los Estados Unidos y Canadá, por ejemplo. En Irlanda, los devotos son tantos como los de James Joyce y la cerveza negra.

LOS HERMANOS VAN-BUCK

Este escritor francés fue calificado por sus contemporáneos como un “romántico conservador sin remedio”, aunque utilizó técnicas vanguardistas para su época. “Gaceta Mercantil” lo recuerda con uno de sus cuentos cruentos.




Por Alfred de Musset

En una ciudad alemana, no lejos de las orillas del Rin, vivían los dos hermanos Van-Buck, que pasaban por ser, y con razón, dos diestros grabadores. Tenían por costumbre ir casi todas las noches, después de cenar, a casa de un viejo orfebre, vecino suyo; aquel buen hombre, cuyo nombre era Thomas Heermans, los recibía en su trastienda, junto a la chimenea y con una gran pipa en los labios; las veladas, que pasaban solos los tres, no eran demasiado animadas; los dos hermanos eran de un temperamento bastante taciturno, y por lo que se refiere al orfebre, aunque tenía un ojo despierto, era raro que los trabajos a los que se consagraba día y noche no lo preocuparan hasta el punto de volverlo algo distraído y poco hablador. Sin embargo, se entendían y se apreciaban más precisamente por la similitud de su talante; era muy raro que al pasar por delante de la tienda de Heermans por la noche, no se viera a través de los cristales las cabezas de los tres amigos alrededor de una lámpara y, en la mayoría de ocasiones, una gran jarra de cerveza.
Una noche, no hace mucho tiempo, el viejo Heermans se mostró más alegre de lo habitual.
-¿Qué le ocurre, pues? -le dijeron los grabadores- tiene una noticia feliz escrita en la cara.
-Amigos míos, -contestó el buen orfebre- mi hija sale mañana del internado, su educación ha concluido, y me ven mis dignos amigos, mis queridos vecinos, con una alegría tal que me dan ganas de bailar sobre una mesa.
Hay que señalar que el bueno de Heermans había apreciado siempre a los religiosos lo mismo que a la peste. Pero una anciana hermana, rica y piadosa, había exigido que su sobrina estudiara en un colegio de religiosas y el prudente calculador había tenido que aceptar aunque de mala gana.
–Sí, amigos míos, ya la verán, ¡estoy ansioso por pellizcarle las mejillas!
Los grabadores le dieron la mano afectuosamente, y emplearon el resto de la velada en hablar de la señorita Wilhelmine. ¡Qué bella debía estar! Aquel día, la jarra de cerveza fue reemplazada por una botella de calidad y acordaron que, por supuesto, los dos vecinos vendrían a cenar al día siguiente.
No se les ocurrió faltar; con sus ropas de los domingos, a la caída del sol se dirigieron a casa de su viejo amigo, y se sentaron a la mesa casi de inmediato. Apenas Thomas Heermans golpeó la mesa con una intensidad capaz de romper los vasos para demostrar su buen humor, la jovencita, con un andar tímido y los codos pegados al cuerpo, fue a sentarse entre los dos jóvenes, ruborizada.
Pese a los esfuerzos del orfebre, la cena fue más bien silenciosa; él mismo, tras haber agotado su inicial alegría, se vio obligado a mirar a su querida hija sonriendo; los grabadores conservaban un frío comedimiento y no intercambiaron entre ellos ni una sola mirada. Por la noche, cuando regresaron a su casa, se metieron en la cama sin decir ni palabra, en contra de su costumbre que era la de charlar acerca de los acontecimientos o del trabajo del día, e incluso, dado que dormían en la misma habitación, prolongar la conversación hasta bastante tarde.



Los dos hermanos se querían mucho; se les veía siempre juntos, en el paseo, en las fiestas, en la caza que les gustaba bastante. Tenían un talento similar y, a veces, el trabajo de uno era firmado por el otro. Además, habríase dicho que el rostro del segundo había sido esculpido copiando el de su hermano; nunca se había visto una unión más hermosa bajo el cielo. Era por lo tanto bastante extraño que parecieran evitar hablarse, incluso mirarse; su conducta había mortificado a su buen vecino; de todas maneras, la noche transcurrió así, aunque cada uno de ellos pudo percatarse de que el otro no dormía; la luna iluminaba la habitación, y a cada instante se removían suspirando. Era evidente que los dos habían recibido simultáneamente un golpe profundo: se habían enamorado de Wilhelmine. Una semana entera transcurrió sin que se dieran ni una sola vez la mano; un silencio contumaz reinó en su taller e inclinados sobre la plancha de cobre, ninguno de los dos volvió un instante la cabeza.
El último día de esta triste semana, el viejo Heermans estaba sentado junto a su puerta, frente a su hija.
-Padre, ¿no me había dicho usted que veríamos a los hermanos Van-Buck todas las noches?
-¡Pues sí! -contestó el orfebre- es verdad que no han aparecido por aquí desde hace ocho días; es algo raro.
-¿Entonces soy yo la causa de su ausencia? -dijo Wilhelmine-. Han dejado de venir a partir del momento en que llegué.
Al oír estas palabras ingenuamente pronunciadas, el anciano inclinó la cabeza y permaneció bastante rato sin hablar.
-¡Oh, hija mía! ¡Oh, mi querida hija! -exclamó al fin mientras posaba los labios marchitos sobre la mano regordeta y fresca de su hija-. Es probable que los curas te hayan enseñado a detestar el amor, pero ¿te han enseñado cómo se le puede hacer frente? ¿No olvidarás a tu viejo padre una bella noche de verano?
Por toda respuesta, Wilhelmine sacudió la cabeza sonriendo.
-Tu sonrisa es muy dulce, mi pequeño ángel; es dulce como la miel. ¡Quiera Dios que no se cambie jamás en lágrimas!
-¡Oh! padre, ¿me considera tan bella como para ser tan desgraciada?
En aquel momento, los dos grabadores aparecieron ante él, después de que Wilhelmine se hubiera retirado modestamente al verlos acercarse.
-Hemos visto a tu hija, Heermans, y los dos hemos perdido la paz; nuestros sueños nos traicionan, háblanos con franqueza. ¿Aceptarías a alguno de los dos como yerno? Entonces pregúntale cuál es el que ella prefiere y, sea el que sea, será su esposa legítima. Nuestros talleres están repletos de obreros como los tuyos, nuestra clientela es magnífica. Tu verás lo que decides.
El orfebre les tendió las dos manos.
-Les pido tres días -dijo-. ¿Es demasiado? Veo bien que están enamorados.
-Es cierto -contestaron los grabadores-; amamos a tu hija, pero no debes dejarnos amarla sin esperanza.
Por la noche, la joven apenas se atrevió a levantar los ojos; sabía que debía elegir. A la mañana siguiente, el viejo Heermans envió a los dos hermanos una carta concebida en estos términos:
“Mi hija los ha visto a los dos; amará a Tristán como esposo y a Henri como hermano. ¡Ojalá sea recibido este deseo, que le he arrancado con esfuerzo, como debe serlo! Los espera el viejo amigo de ustedes, para estrechar entre sus brazos a toda su familia”.
Aquellos nobles corazones habían convenido que una vez que uno fuera aceptado, el otro se callaría para siempre. ¡Ay! así son los pactos que uno hace antes de conocer su destino. Henri, que había cogido la carta del orfebre para leerla, no pudo terminarla; la dejó sobre la mesa y, pálido como la nieve, se derrumbó sobre su taburete.
Sin embargo, siguieron viviendo juntos en buena armonía. Iban, como de costumbre, todas las noches a casa del orfebre; el feliz prometido cortejaba a su novia; Henri se esforzaba por mostrarse alegre, y sólo su palidez desmentía la calma que aparentaba.
Un día que los dos hermanos se encontraban cazando, se detuvieron en un claro del bosque; cansados de andar, se tendieron sobre la hierba.
-Tristán, -dijo Henri Van-Buck- hace tiempo que guardo silencio; pero necesito abrirte mi alma. Me resulta imposible permitir que te cases con la hija del orfebre.
-Hermano -respondió Tristán- ¿así respetas las leyes del honor?
-Sé que infrinjo esas leyes; lo he pensado mucho antes de hablar contigo, pero mírame bien: siento que me estoy muriendo, aunque la poca sangre que me queda en las venas me corroe como el fuego.
-Ya lo veo- contestó Tristán- ¿crees que no sufro al verte reducido a esta situación? Yo también he perdido toda mi alegría, pero ¿qué remedio hay?
-Ninguno, hermano; sólo quiero una cosa de ti y te suplico que me la concedas. No te cases con esa chica hasta que yo no haya muerto.
-¡Muerto! -exclamó el otro.
-Sí, mi querido Tristán, es necesario. Te ruego encarecidamente que me des tu palabra, pues si tuviera que firmar tu contrato...
-No, hermano, es imposible que mueras de desesperación. ¿Quieres que te prometa una cosa que me hiela el corazón sólo de pensarla?
Mientras pronunciaba estas palabras, Tristán miró a su hermano y vio la palidez de la muerte en sus labios.
-Mi querido Henri -exclamó- antes de verte morir así soy capaz de cederte mis derechos. Cásate con ella, te lo ruego; yo me iré a Estados Unidos.
-¡Que me case con ella! -dijo el otro-. ¿Y al trasmitirme tus derechos me transmitirás también su amor? Hace falta que uno de los dos muera -añadió con voz lúgubre, mientras su mano temblaba y se golpeaba con el mango de su cuchillo de caza.
-Sí, -contestó Tristán. Y ambos se levantaron automáticamente.
-No veo nada más que un camino -dijo Henri.
Ambos sacaron sus cuchillos y se pusieron en guardia. Pero, acostumbrados a ejercitarse juntos y conociendo todos sus golpes, no se alcanzaban sino raramente. Durante una hora entera se lanzaron golpes furiosos, y de vez en cuando descansaban pues se encontraban agotados y con grandes heridas en los costados. Durante una de esas pausas, oyeron los tambores que advertían a los ciudadanos que debían volver a la ciudad. Era la hora en la que, en tantas ocasiones, habían regresado juntos, cogidos del brazo, tristes o alegres, con los pies cubiertos de polvo; y se contaban sus más secretos pensamientos. Toda su juventud pasó ante sus ojos en aquel momento.
El sol iba a desaparecer; sus últimos rayos se deslizaban entre los abetos descarnados, sobre un alcor cubierto de hojas secas. El rocío de la tarde curvaba la hierba, y los pájaros saludaban la noche. Tristán volvió la cabeza y vio en el valle los campanarios de su ciudad natal surgir entre la niebla. Sus entrañas se conmovieron y dio un paso hacia su hermano tendiéndole la mano. Pero una debilidad mortal se adueñó de su alma; se apoyó sobre un árbol; sus hombros resbalaron sobre la áspera corteza y cayó. Henri contemplaba con horror los últimos esfuerzos de su hermano por aferrarse a la vida; le habría gustado acercarse a él, pero tampoco él podía moverse. Ahogado en su sangre, de pie e inmóvil, se tambaleaba como un hombre ebrio.
Aquellos dos infortunados habían tenido una madre que los había amado tiernamente. Desde el fondo del valle, en el crepúsculo, una forma difusa pareció dibujarse de repente y dirigirse hacia ellos. Subía lentamente a la colina, y a medida que se acercaba, los hijos reconocían a su madre. En el momento en que el espectro pareció enteramente visible y reconocible, el que estaba de pie, haciendo un esfuerzo supremo, abandonó el lugar en el que estaba clavado, y fue a arrojarse en los brazos del que estaba en el suelo.
Así, cubiertos de sangre y de lágrimas, expiraron los dos en un último abrazo.

ROMÁNTICO Y DANDY



El escritor francés Alfred Louis Charles de Musset nació en París, el 11 de diciembre de 1810, y murió en esa misma ciudad el 2 de mayo de 1857. Ya a los 17 años obtuvo el premio de disertación literaria en el Concurso General del colegio Henri-IV y se convirtió en un joven prodigio. Sin embargo, ingresó en el mundo de la literatura gracias al cuñado del célebre escritor Victor Hugo, Paul Fouche, quien lo invitó a frecuentar el salón en la Biblioteca del Arsenal, conocido como “El Cenáculo”.
Tras estudiar medicina, derecho, dibujo, inglés y piano, Musset se dedicó por completo a la literatura y fue considerado por la crítica uno de los primeros románticos franceses. También fue conocido como un dandy de su época, en su faceta de amante de George Sand, la escritora que firmaba con un nombre de varón.
Su primer libro conocido es el poemario “Rolla y las noches”, aunque también escribió algunas comedias como “El candelabro” y “No hay nada que jurar”. Uno de sus libros más vendidos es la novela “La confesión de un hijo del siglo”, que está dedicada a Sand.
Durante la llamada “Monarquía de Julio” fue bibliotecario del Ministerio del Interior, pero su experiencia política resultó desastrosa al ser destituido en la revolución de 1848, la que sirvió de inspiración a Karl Marx. Su mérito mayor fue haber obtenido la “Legión de Honor” el mismo día en que la recibió Balzac, el 24 de abril de 1845. Cinco años antes de morir, fue elegido miembro de la Academia Francesa.
Algunos de sus principales libros son “Un sueño”, “El inglés que masticaba opio”, “La copa y los labios”, “Los caprichos de Marianne”, “Una noche veneciana”, “La noche de mayo”, “El hijo del titán”, “La esperanza en Dios”, “Tristeza, una noche perdida”, “Pierre y Camille”, “La mosca” y “Bettine”, entre otras.